Cuando muere el hombre clave

Este señor tenía una empresa pequeña con 5 empleados solamente y el veía producción, compraba, vendía, administraba en general a su leal saber y entender, a pesar de tener una profesión no versada en administración propiamente dicho.

El citado empresario un mal día enfermó de gravedad y su esposa tomo el timón de la empresa y vinieron los problemas ya que ella conocía del negocio únicamente los teléfonos, su ubicación y desde luego el nombre de la misma.

Lógicamente las operaciones de la empresa disminuyeron ostensiblemente aunado a los gastos originados por los servicios médicos y hospitalarios del empresario, lo cual hizo que finalmente la empresa cerrara sus puertas.

La esposa desesperada solicito un préstamo personal a una institución bancaria pensando que con la venta de la maquinaria y equipo en general saldría avante del problema financiero que la envolvió.

Desde luego no reparó en la tasa a la que contrató, ni el plazo acordado, ni otros conceptos, pensando en que vendiendo lo anterior y el inmueble le iba a alcanzar para cubrir el préstamo bancario y además le iba a quedar una buena cantidad para comprar una franquicia y operar ella ese negocio.

Pero cual va siendo su sorpresa que la maquinaria y el equipo estaba viejo y obsoleto y en algunos casos “hechizo” y el inmueble estaba gravado en el Registro Público de la Propiedad.

La esposa sorprendida, cayó en la cuenta de que estaba endeudada, sin respaldo suficiente para hacer frente al crédito obtenido y sin ingreso alguno además y se preguntó: ¿Por qué no me lo dijeron antes?

La esposa no pensó en ningún momento asesorarse para hacer un diagnóstico de las finanzas de la empresa, si lo hubiera hecho no estuviera en una deuda sin retorno.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *