HACIA LA ADMINISTRACIÓN PROFESIONAL DE EMPRESAS FAMILIARES (Tercera Parte)

Como corolario a lo mencionado en las dos primeras entregas de este artículo, estaríamos en el entendido que la única luz que se ve al final del túnel es la de retirar en forma inmediata a toda, pero a toda la familia de la empresa, no obstante aquí cabrían tres preguntas muy interesantes:

¿Quién tomaría acción tan temeraria?

¿Cómo convencería a la familia?

¿De qué medios se valdría?

Respecto al primer cuestionamiento, la persona que debiera tomar tal decisión sería el líder de la familia, el hermano mayor y en su caso el más brillante familiar y sobre todo que tuviera la suficiente ascendencia sobre los demás familiares.

El segundo cuestionamiento se resolvería vendiéndoles la idea (muy real por cierto) de que si ellos cooperan para tal evento, se verían beneficiados en el corto plazo, ya que su economía no se vería afectada pues seguirían recibiendo sus sueldos en forma oportuna y regular.

Y el último cuestionamiento se resolvería creando un fideicomiso, el cual les podría proporcionar a mediano plazo, la ayuda financiera necesaria a cada miembro que lo deseara, para desarrollar un nuevo negocio en forma personal.

Con todo lo anterior estaríamos obteniendo muchos beneficios, entre ellos el de una verdadera capacitación al personal en general y abrir la libre contratación para que los puestos vacantes sean ocupados por gente capacitada profesionalmente y con experiencia en las diferentes ramas administrativas de la empresa en cuestión.

Por último lo que no debemos de perder de vista, es que una administración profesional estaría solucionando el problema de no confundir la propiedad de la empresa, con la propiedad de la administración, que tantos dolores de cabeza causa a las empresas familiares mexicanas.

¿Y tu estimado lector estás involucrado en esta problemática?

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